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El Salvador - Reiterando el Compromiso con una Cultura de Paz

Sábado 12 Junio 2010 - 03:36

CAMPAMENTO INTERRELIGIOSO GNRC EL SALVADOR
Reiterando el compromiso con una cultura de paz.

El campamento interreligioso GNRC El Salvador 2010 se llevó a cabo el 5 y 6 de junio con la asistencia de 35 participantes de las Iglesias católica, luterana, evangélica y romana, y de las comunidades musulmana y bahá'í.
Se desarrolló en medio de un clima cálido y soleado, después de una semana de zozobra e incertidumbre por el paso de la tormenta Ágatha que dejara 10 personas fallecidas y más de 11,000 personas damnificadas en el territorio salvadoreño, además de cuantiosos daños materiales que incluyeron la destrucción parcial del puente del río Sumpul, cuyas aguas, precisamente, teníamos que cruzar para llegar a la Casa de retiros en el pueblo de Arcatao, en el departamento de Chalatenango al norte del país, donde compartiríamos el fin de semana.

El programa dio inicio con un ritual a las riberas de este río. El tristemente célebre río Sumpul donde, según el Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas publicado después de la guerra en El Salvador, fueron masacradas no menos de 300 personas, incluyendo mujeres, niños y niñas, mientras intentaban cruzarlo. Reflexionamos sobre la necesidad de honrar su memoria comprometiéndonos aún más con la construcción de la paz.

QUIEN OLVIDA SU HISTORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA.
George Santayana.

En el pueblo de Arcatao visitamos el Museo de la Memoria, un esfuerzo de distintas organizaciones por recuperar la memoria histórica del pueblo en su lucha por la sobrevivencia y asegurar que la guerra nunca se vuelva a repetir. Dos señoras sobrevivientes de la guerra nos acompañaron como guías y narraron a los jóvenes sus dolorosas experiencias de ese tiempo. Una de ellas al dirigirse a los jóvenes les dijo: "Desde los 14 años yo tuve que andar huyendo por los montes y escondiéndome de los bombardeos aéreos. No gocé mi juventud. Ahora ustedes tienen la oportunidad de vivir su juventud, estudiar, prepararse y asegurar que esta historia nunca se vuelva a repetir".

Reflexionamos como grupo sobre el impacto que ese tema genera en cada uno y concluimos que las batallas de nuestra generación son de naturaleza diferente. Las nuestras son luchas por conquistar la paz, no la guerra; pero que esta batalla también exige esfuerzos y sacrificios personales, y una firme convicción para trabajar a pesar de la apatía, la indiferencia y la desesperanza que imperan en el mundo actual, y también es una batalla espiritual contra nuestras propias debilidades.

Después de esta intensa jornada de emociones pasamos a una etapa de juegos cooperativos. Cada uno de los jóvenes tuvo la oportunidad de vivir su propia catarsis a través del juego, la recreación y la terapia de la risa.

Entre las últimas actividades del día se tuvo la presentación de un performance de la Célula Juvenil del Centro Bartolomé de las Casas basado en la canción 'Hay un niño en la calle', de Mercedes Sosa y Calle 13, que se auxilió de la técnica del Teatro participativo para que los jóvenes pudieron interactuar sobre el tema de la pobreza.

El último taller que se implementó fue "El viaje de los colores". Se montaron los distintos espacios en el salón multiusos del lugar y sus alrededores. La naturaleza confabuló con los facilitadores para propiciar el ambiente ideal para la introspección de las personas participantes bajo un cielo cuajado de estrellas que casi, casi podíamos tocar; el arrullador danzar de un río; el alegre concierto de los grillos y las ranas y la suave brisa meciendo las hojas de los árboles. Cada facilitador, a su vez, encaminó a los jóvenes a un viaje dentro de sí mismos, al ritmo de una suave música instrumental, guiándolos por el color verde, bajo la copa de los árboles y a la luz del fuego; el color azul, sobre una superficie que recordaba el color del mar y del cielo despejado al amanecer; el rojo, color de la sangre y de la vida, color del amor y del perdón; el blanco, como intermediario de la paz y el encuentro con lo Divino y el negro como reflexión sobre la muerte como el inicio de una nueva vida en el eterno viaje del alma.

El primer día del Campamento había terminado y a pesar de una jornada de 17 horas que incluyó un viaje en autobús durante 4 horas y muchísimas emociones, la inagotable energía de la juventud les permitió continuar con canciones y música de guitarra, risas y pláticas hasta después de la medianoche.

El segundo día de Campamento comenzó a las 4 de la mañana, como los facilitadores habían advertido a los aventureros trasnochadores. Cada uno fue fiel a su compromiso con el proceso y estuvieron en pie sin necesidad de insistir mucho. A las 5 de la mañana emprendíamos nuestra caminata hacia "La Cañada", una de las montañas que sirvió como refugio a los pobladores de Arcatao durante los años de represión a la población civil durante la guerra salvadoreña. A medida que subíamos el empinado camino, éramos dolorosamente conscientes de que muchísimas personas, niños, niñas, mujeres, hombres jóvenes y ancianos, se vieron obligados a huir por esos mismos senderos 'en guinda', término de origen salvadoreño que, significa huida, en alusión a los ataques que efectuaba la Fuerza Armada que obligaban a los habitantes a huir de sus casas y lugares de residencia para resguardar sus vidas, pues el propósito de muchos operativos desplegados durante la guerra civil era aplicar la técnica de Tierra arrasada, lo cual, a parte de destruir las casas, cultivos y matar animales de crianza, incluía masacrar a la población que pudiera colaborar con la guerrilla. Al llegar al antiguo caserío 'La Cañada' los jóvenes tuvieron la oportunidad de escuchar de boca de uno de los sobrevivientes de este conflicto anécdotas de experiencias vividas durante esos años, además de presenciar los cimientos de casas derrumbadas por los bombardeos aéreos, el cráter dejado por una bomba de 500 libras de dinamita y el sitio exacto donde hasta el día de hoy aún yacen enterrados los restos mortales de muchas personas que nunca tuvieron un funeral ni entierro digno. Sin duda, una de las experiencias más impresionantes para cada uno fue entrar a los 'tatús' y experimentar las condiciones de estos túneles subterráneos que eran construidos por los campesinos con las mismas herramientas que habían usado para labrar y cosechar en su vida de agricultores.

Emprendimos el viaje de regreso, esta vez un poco más rápido y un poco más fácil que el ascenso, con el corazón y la mente cargados de imágenes, emociones y sentimientos que nos permitieron reiterar nuestro compromiso por la construcción de una cultura de paz y con la firme convicción de que estas páginas tan negras en la historia salvadoreña nunca jamás vuelvan a repetirse.

Preparado por: Gabriela Velis
GNRC-EL SALVADOR

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Susana Alvarez GNRC - LAC
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