Cecy H. Pestrello
Cecy H. Pestrello

Directora del Coletivo Mulher Vida, Olinda, Brasil

Violencia doméstica

  La violencia en Latinoamérica es muy grande, empezando por la violencia de las dictaduras militares contra las que luchamos tanto, y siguiendo con la lucha por la justicia, por la reforma agraria, por una vida digna para hombres y mujeres en todo el continente, por una Latinoamérica autónoma, independiente del imperialismo.

  Pero sin lugar a dudas, en lo que respecta a las situaciones de violencia vividas por adolescentes y niños, afirmamos que la paz debe, necesariamente comenzar en la propia casa. Ya que es precisamente allí, mucho más que en las calles, donde se ejecutan y se viven los mayores casos de violencia contra los niños. Dentro de las casas se practican los mayores crímenes. Decir que la paz comienza en la casa no es una mera frase publicitaria, porque es en ese ámbito donde se desarrolla la personalidad de un ser humano, es donde recibe los valores, los principios éticos y morales, culturales, religiosos. La propuesta del Coletivo Mulher Vida busca ayudar en la prevención, el combate contra la violencia doméstica, el abuso y la explotación sexual de los niños, niñas, adolescentes y mujeres.

  Solamente una parte ínfima de los hechos de violencia doméstica sexual contra niños, niñas y mujeres es denunciada. La familia es intocable. Para nosotros, que pensamos y reflexionamos, es difícil comprender que en algunas familias, en vez de proteger a los niños y niñas y construir un ambiente de amor, impere un ambiente de profunda violencia, desigualdad y discriminación.

  Estas situaciones de violencia, graves y dolorosas, no se dan solamente en las familias pobres sino en todas las clases sociales, etnias, religiones y todos los partidos políticos.

  En la región del nordeste brasileño, las condiciones socioeconómicas de extrema pobreza, que alcanzan a más del 50% de la población, agravan la situación. Falta una democratización de oportunidades. Creemos que la paz se construye de la misma manera que una casa: ladrillo sobre ladrillo, con el respeto por la diferencia y el diálogo permanente.

  Nuestro trabajo busca crear un núcleo familiar con relaciones de placer, alegría, crecimiento y nada de violencia, imposición, opresión o aniquilamiento del otro ser. La filósofa brasileña Marilena Chalí dice que la violencia perfecta se da cuando la persona introduce dentro de sí los pensamientos del otro. Es decir, que ya no piensa más por sí misma sino que es un reflejo de la otra persona. Y a la vez no sabe que sufre violencia; piensa que es libre al pensar exactamente lo que el otro piensa.

  El Coletivo Mulher Vida afirma la democracia, la justicia y la libertad como valores principales. Respetamos las diferencias y motivamos a los adolescentes a participar de una forma pacífica en todas las causas justas. Y son muchas las causas justas por las que luchamos en Latinoamérica.

  Una cultura de paz es el resultado de un proceso educativo, como planteó Paulo Freire. Es un proceso que lleva a colaborar con el prójimo, para la preservación del bien común y de la convivencia armoniosa con la naturaleza; así como a cultivar la tolerancia, el respeto y la aceptación de las diferencias. Éstos son los componentes pedagógicos de nuestra propuesta educativa.

  Nosotros usamos la vía del afecto como modo principal de recomponer la autoestima de la persona. Autoestima en orden a la autonomía y los derechos civiles de las y los adolescentes, víctimas de la violencia, de la agresión física, psicológica y sexual. La metodología del afecto se basa en la concepción de que el humano es un ser integral, que tiende a ser feliz, y por lo tanto tiene la posibilidad de crecer y de desarrollarse de una forma armoniosa, con la felicidad que da el saber que Dios está con nosotros. Ser feliz y no tener miedo de ser feliz, vivir sin la vergüenza de ser feliz.

  El respeto al otro es un requisito fundamental en la relación con los adolescentes. Aceptarlos y entender que están allí para adquirir conocimientos y afecto. Cada adolescente es único y sujeto de su propio proceso. Cualquier transformación real sólo es posible si pasa por el deseo interno de transformarse. Nuestro papel es ofrecer las mejores alternativas e instrumentos que ayuden en este proceso de transformación.

  El trabajo es desarrollado en comunidades carenciadas a través de talleres vivenciales. Los temas son abordados con dinámicas psicoeducativas y lúdicas, dentro de una perspectiva de género que tiene en cuenta el saber ya adquirido. Creemos que el “no saber” es también una forma de conocimiento.

  El trabajo desarrollado les permite a los adolescentes reflexionar sobre los temas y resolver los conflictos a partir de sus propios sentimientos. Lo que nos interesa del concepto “familia” es lo que esa palabra genera en cada uno de ellos, añadiendo al proceso de conocimiento que lo nuevo puede ser pensado, elaborado y tomado para sí.

  Los grandes temas, como familia, prostitución, racismo, sexualidad, son abordados de forma tal que se respete el movimiento interior de cada uno y de cada una. De la misma manera, tomamos en consideración que cada grupo difiere de otro, y que se trata de un proceso de desarrollo.

  Comenzamos con la capacitación de los educadores, que son estudiantes universitarios de ciencias humanas o jóvenes con experiencias personales previas.

  Se desarrolla un curso de capacitación de un año, donde lo fundamental es que se detecte cómo están siendo elaborados los conceptos en cada vida personal. Por ejemplo, nos interesa más que ellos entiendan todo lo atinente a la prostitución, y reflexionen sobre ella, y no tanto que conozcan este concepto teóricamente. Apelamos a dinámicas que posibilitan hacer aflorar las emociones, dejando de lado el racionalismo defensivo y autoprotector que explica todo pero no cambia nada.

   Los educadores deben estar preparados para recibir a los adolescentes, con sus historias y dolores. Esto sólo es posible si toman en cuenta su propio dolor y son capaces de comprender la violencia sufrida por el otro sin tener que haber vivido necesariamente la misma violencia.

  Luego seleccionamos los adolescentes y contribuimos a la construcción del grupo. Ya funciona en más de 20 comunidades carenciadas a lo largo de Recife y Olinda.

   En las escuelas se propone un cuestionario a adolescentes desde 12 años. Allí se intenta identificar a priori, a aquellos adolescentes que han sido víctimas de violencia y luego se trata de elaborar un perfil de las condiciones de vida y la estructura familiar y de las  imágenes que tienen de una madre y un padre. No hay preguntas directas, pero en el cruzamiento de las respuestas es posible identificar alguna situación de violencia dentro del grupo.

  Los grupos son de cinco personas. La participación es voluntaria y, en general, la experiencia se desarrolla en algún lugar de la propia comunidad. Hay grupos de varones por un lado y de mujeres por otro, para facilitar la libertad de la expresión. Luego los grupos se juntan, como por ejemplo, en las clases de danza, en el deporte, la informática, el teatro, las clases de fotografía, etc.

  Nuestro trabajo es construir la confianza de los integrantes a través de la libre expresión, de la actitud solidaria y de la garantía de total cuidado. Esto es importante para sellar un clima amistoso, sincero y de confianza plena.

  En este año de trabajo hemos podido ver que todos los días acontecía un milagro. Que un niño o joven que había sufrido violencia física, psicológica o sexual podía decir “basta” y procesar claramente dentro de sí la esperanza en la vida. Que comenzaba a amar la vida, a buscar la felicidad.

(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)