Lic. Celina del Felice
Lic. Celina del Felice

Coordinadora de Programas Juveniles de Ciudades Educadoras. Rosario, Argentina.

Desafíos para implementar el derecho a la educación

  Los últimos datos dicen que el 60% de la población de América Latina tiene menos de 30 años. Esto es muy esperanzador porque puede implicar muchos cambios. Otro dato es que es un continente profundamente religioso. Una encuesta del año 2000 dice que nueve de cada diez jóvenes en América Latina creen de Dios. Hay mayoría de cristianos pero también existe una profunda tradición de creencias prehispánicas que se han mezclado con otras religiones.

  Uno de los desafíos para implementar efectivamente el derecho a la educación es ver cómo instalar la educación como un derecho humano. Si bien se dice que es un derecho, en realidad se toma como un bien, que no es para todos los niños igual. Que la mayoría esté escolarizada no significa que todos tengan la misma calidad de educación.

  La implementación del derecho a la educación históricamente se produce en tres etapas: En una primera etapa se da a personas de ciertas clases, y luego se amplía a niñas y a poblaciones indígenas. La educación que se da a las niñas y los indígenas es diferente de la que se brinda a niños y jóvenes de clases más privilegiadas.  En una segunda etapa se trata de integrar a todos y adaptarlos, sea cual sea su tradición cultural anterior, en una corriente única. La tercera etapa es la más desafiante, se ocupa de instrumentar estrategias que atiendan a la diversidad que trae cada niño o niña a partir de su vivencia y su tradición cultural.

  También es importante entender el derecho a la educación como un multiplicador. Esto quiere decir que el derecho a la educación condiciona la efectivización de otros derechos. Si un niño no tiene derecho a la educación, posiblemente tampoco lo tenga al empleo ni a la salud. Es importante entender al derecho a la educación como llave para todos los derechos humanos. En una educación básica, enseñarle a un niño a tomar un punto de vista distinto es tan fundamental como evitar una guerra. Entender y dialogar, y entrar en la perspectiva del otro, es fundamental para erradicar la violencia. Ponerse en el lugar del otro es algo que se aprende en la escuela. Es fundamental transmitir destrezas básicas, que van más allá del conocimiento. Una educación de calidad no tiene que ver sólo con conocimientos disciplinares sino con aprender ciertas destrezas y capacidades de relacionarse con el otro, de aprender a trabajar con la persona que a uno no le cae del todo bien.

  La educación es un bien público: el Estado es el garante de ese bien, pero no hay que caer en el error de pensar que tiene que hacerlo todo. El Estado es un espacio de diálogo y negociación con todos los actores sociales para construir este conocimiento y estas destrezas que serán parte del currículum escolar. Hemos pasado por varias tendencias y una es que el Estado monopoliza la educación, en una dirección única: todos aprenden lo mismo, cerradamente. No se toman en cuenta las tradiciones culturales que existen en la sociedad.

  Es importante recalcar la participación de cada uno de nosotros como personas de fe conjuntamente con todas las instancias estatales en todos los niveles, no sólo en el ámbito nacional sino también en el ámbito local. En América Latina, la Iglesia Católica ha tenido muchísimo peso en determinar el sistema ético a ser enseñado en la escuela. Creo que uno de los grandes desafíos es escuchar todas las voces, educar por la diversidad y para la diversidad. Todavía no escuchamos a personas de otras religiones porque las desconocemos, porque en general, el que llega al poder tiene una visión y no le interesa ponerse a trabajar con minorías.

  Se ha tomado la racionalidad de la mayoría pero no siempre ésta tiene la razón. No se debe tomar el derecho a la educación como un producto de mercado.

  El aporte que pueden hacer las religiones es importantísimo porque ellas ven la importancia de la dignidad humana; y todo se sienta a partir de eso y no a partir de la racionalidad del mercado que apunta únicamente a un desarrollo económico. Vuelvo a la idea de integrar todos los grupos en lo que se llama el “currículum oculto”. A veces en las currículas se acuerdan y se sientan todos los actores –los empresarios, los padres, los representantes de distintas religiones– y dicen: “ Vamos a confeccionar un currículum donde la Educación Etica tenga un rol importante”.

  A veces pasa que en el currículum explícito está contemplado, pero en las prácticas en la escuela se sigue discriminando, ocultando, desconociendo. Por ejemplo, desde que hay un avance en la legislación, los chicos estudian la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Está garantizado en la misma y en todos los países de América Latina el derecho a la educación, pero hay un enorme camino a recorrer en la práctica. Hay mucha distancia entre lo que el docente tiene que hacer y lo que hace.

  ¿Cuál es el gran desafío de la educación ética? Alguien dijo: ¿Por qué no somos más en lugar de tener más? En esos dos verbos, “ser” y “tener”, puedo resumir hacia dónde hay que caminar: poner énfasis en el ser –en ser mejores personas– que en el tener.

  En América Latina, las reformas educativas y las presiones de los organismos de crédito internacionales están para que salgamos del subdesarrollo; por eso ponen énfasis en competir, en crecer. En esta óptica la educación tiene que ser para el mercado, apunta a un desarrollo económico. Pero en una Educación Etica primero está la persona.

(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)