Seminario Taller Inter - Religioso sobre Violencia Juvenil
27, 28, 29 y 30 de abril, 2004.
Tegucigalpa, Honduras, C.A.
| PANORAMA GENERAL La violencia y la inseguridad ciudadana constituyen una preocupación legítima de la población en general y del gobierno en particular y la preocupación por la participación que tienen las personas menores de 18 años, en esta inseguridad ciudadana particularmente cuando se dan casos graves en que los adolescentes cometen “crímenes abominables”, también es comprensible. En los últimos meses y cada vez con mayor fuerza diversos sectores sociales han emitido opiniones que vinculan directamente los siguientes factores: la edad del infractor de la ley (persona menor de 18 años), gravedad de los actos (parricidio, homicidio, asesinato), y la frecuencia y volumen de los delitos cometidos (incremento de la delincuencia juvenil) como los únicos o por lo menos los factores que determinan o caracterizan la situación de violencia que vivimos en Honduras. La proliferación de maras o pandillas es el tema de fondo cuando se aborda el problema de violencia en Honduras. De acuerdo con datos oficiales de la Policía Nacional en el año 2003 se han identificado 475 pandillas, con aproximadamente 36,000 miembros, de los cuales 29,000 son varones y 7,000 son mujeres. Respecto a las edades de sus miembros, es importante señalar que en las dos principales ciudades de Honduras, las maras y pandillas están integradas en proporciones diferentes: En San Pedro Sula se estima que el 80% tienen menos de 18 años y el restante 20% son adultos que las dirigen; y en Tegucigalpa el 45% de los miembros tienen menos de 18 años y el 55% restante son adultos. Cada año, se producen más de 4,000 denuncias de casos de maltrato y abuso infantil de niños, niñas y adolescentes. El 50% de estas denuncias se refieren a acciones cometidas por los familiares de niños de edades comprendidas entre los 3 y los 12 años, siendo los delitos de mayor incidencia la violación sexual, el maltrato físico y los delitos contra la vida. A las causas que podemos agregar sobre el porque los jóvenes se unen a pandillas, podríamos mencionar pobreza extrema, falta de familia, de educación, el deseo de ser aceptado, un joven busca a otros como él para sentir mas el afecto, que es mas importante en la vida. Al unirse a estos grupos los jóvenes reciben una atención diferente, son felicitados, son tomados en cuenta, comen juntos, padecen juntos, viven juntos su situación de marginación y esto hace que los jóvenes por identificación, amor y agradecimiento pidan ser tatuados, el tatuaje es un signo de fidelidad a un grupo, fidelidad hasta la muerte. Estos jóvenes se marcan el alma y el cuerpo en fidelidad, la fidelidad que es un acto noble. La situación es bastante conflictiva y peligrosa, la cárcel de San Pedro Sula es una bomba de tiempo pues no hay condiciones para protegerlos, hay una guerra absurda entre ellos. Mi sueño es lograr un centro de recuperación para jóvenes mareros probablemente en Cofradía, mi sueño es tener a esos muchachos y comenzar talleres de refrigeración, mecánica, soldadura, carpintería, ayuda sicológica y esperamos que a comienzos del 2005 podamos comenzar, también en Jalteva. Si queremos ser el buen pastor tenemos que buscar a la oveja perdida. El Pastor que se arriesga y da la vida por ella. Mons. Rómulo Emiliani Otro desafío a una cultura de paz dentro de esta desintegración social, tiene que ver con el crecimiento del crimen organizado y el narcotráfico. En 1987 los jóvenes cometían sus fechorías con hondas y los más avanzados con chimbas, en este momento utilizan AK47 y armas de asalto. Quién se las provee? Donde reciben su formación? Quién les respalda? De mas esta decir que hay un profundo interés del crimen organizado con todo su aparato de corrupción en el sistema judicial y la estructura carcelaria y demás instituciones que avalan y refuerzan este comportamiento criminal, institucional. La sociedad no puede cerrar los ojos a estas constantes de profunda vinculación con todo el beneplácito a nivel de gobiernos. Debemos fortalecer la familia y la identidad en el caso de los jóvenes, cuando no hay identidad en la familia los jóvenes la buscan afuera. Es básico en este momento entrar un diálogo entre las iglesias y algunas instituciones para establecer la búsqueda y la solución a estos factores que inciden directamente en la violencia juvenil. Carlos Paz No hay ninguna razón que justifique el abuso a los niños, hay niveles de responsabilidad que corresponden a los adultos, ninguna familia ha salido de la pobreza por el trabajo de los niños, hay que ver que se sacrifica en función de lo que se obtiene. Hay un estudio de Casa Alianza que identifica completamente los barrios y colonias de donde salen los niños que trabajan en la calle, el problema no es llevarles comida o adecuar los calendarios escolares a los niños que trabajan, porque cuando van a tener tiempo de ser niños? Debemos revisar las respuestas que estamos dando como gobierno, como sociedad y como estado, atacar el problema y sus causas y no solo las manifestaciones. Participantes del taller |
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