Revdo Takeyasu
Declaración para la Sesión Especial sobre los Niños de la Asamblea General de Naciones Unidas
Reverendo Takeyasu Miyamoto
Presidente de la Fundación Arigatou
Líder de Myochikai
10 de Mayo de 2002
Permítanme comenzar expresando mi gratitud a todos aquellos que me han dado la oportunidad de hablarles hoy. Es un gran privilegio y placer para mí dirigirme a la Asamblea General en representación de todas las personas de las religiones más importantes del mundo.
Quisiera decir unas palabras sobre el rol de las personas de fe— las personas religiosas— en nuestro esfuerzo unido por construir un mundo que sea realmente apropiado para los niños.
Hoy hablo en representación de la Red Global de las Religiones a favor de los Niños, o la GNRC, la cual fue inaugurada dos años atrás por la Fundación Arigatou para promover la cooperación entre las personas religiosas que trabajan por el bienestar de niños.
Unos 300 líderes religiosos y trabajadores de las religiones más importantes del mundo provenientes de 33 países se dieron cita en el Primer Foro de la GNRC en Mayo de 2000. La Declaración de la GNRC que adoptamos comenzó con las palabras del poeta Rabindranath Tagore: “Cada niños que nace trae consigo el mensaje de que Dios todavía no ha perdido las esperanzas con la humanidad”.
Pasando por alto las diferencias entre todas las religiones, afirmamos en la Declaración nuestra convicción común de que cada niño representa la esperanza y la promesa del futuro de la Tierra. También reconocimos con compunción que las personas religiosas no han podido con frecuencia trasladar los valores más fundamentales de nuestras tradiciones religiosas a la dignidad de los niños. Por último, ofrecimos propuestas concretas de acción para las personas religiosas y demás— acciones de cooperación para construir un mundo mejor para los niños en el siglo XXI.
Sr. Presidente… Es importante que todos los que estamos reunidos hoy aquí reconozcamos que así como el niño se desempeña en los contextos locales de la familia, la comunidad y la nación, el ser del niño tiene también una dimensión global.
Localmente, nosotros los adultos les transmitimos valores, tradiciones y cultura a nuestros niños. Pero en la dimensión global, son los niños quienes mantienen nuestras esperanzas y mantienen con vida el potencial de la paz.
Pero las barbaridades que tuvieron lugar aquí el pasado Septiembre y los eventos que las sucedieron se oponen al futuro invaluable de los niños— de hecho, han puesto en peligro los principios fundamentales de la dignidad humana.
Este deterioro del entorno que rodea a nuestros niños constituye una advertencia para todos los seres de la Tierra.
Con una preocupación seria y sincera nosotros, las personas de las religiones más importantes y de varias naciones del mundo, nos comprometemos en solidaridad a seguir los tres siguientes cursos de acción fundamentales:
Uno — estableceremos un “Consejo Global sobre Educación Ética para los Niños” compuesto por personas de fe, educadores y otras personas. Su propósito será trabajar en cooperación con Naciones Unidas para desarrollar la espiritualidad en los niños— incluyendo valores éticos, respeto por las personas de diferentes religiones y civilizaciones, y fe en lo Divino—, un componente esencial de la “buena educación” prometida en el Documento Final de la Sesión Especial titulado “Un Mundo Apropiado para los Niños.” Nuestros esfuerzos se concentrarán en los años de escuela primaria, los cuales son críticos.
Dos — fortaleceremos nuestros esfuerzos para erradicar la pobreza, la causa fundamental del entorno cada vez peor que enfrentan los niños, prestándole atención no sólo a las causas externas sino también a las causas que derivan del corazón humano, brindando así soluciones verdaderas. Nuestros planes de acción específicos se formularán durante la Conferencia de tres días de la GNRC que se celebrará en Nueva York inmediatamente después de esta Sesión Especial.
Tres — Al unirnos en el esfuerzo mundial por cumplir con las metas del Documento Final, daremos lo mejor de nosotros para ejercitar nuestro liderazgo y dar el ejemplo ante la gente, a fin de generar una fuerza moral universal que impulsará la implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño — tanto en países prósperos como en países en desarrollo— y que movilizará a personas de todas las esferas de la vida a contribuir con el Movimiento Global por los Niños.
Sr. Presidente… Como personas de fe, vemos la Presencia Divina en cada persona y es por eso que es nuestra obligación alentar a cada persona, con paciencia y compasión, a que hagan posible el potencial más importante del corazón humano. Es la Divina Presencia— y este gran potencial— lo que constituye la fuente de dignidad de cada niño, y de cada uno de nosotros también.
Para terminar, quisiera expresar una vez más en nombre de la Red Global de las Religiones por los Niños nuestro más profundo compromiso: nos dedicaremos a hacer que tenga lugar — a través de la oración y la práctica—una “revolución espiritual silenciosa” global para el futuro de los niños.
Muchas gracias por su atención.
Permítanme comenzar expresando mi gratitud a todos aquellos que me han dado la oportunidad de hablarles hoy. Es un gran privilegio y placer para mí dirigirme a la Asamblea General en representación de todas las personas de las religiones más importantes del mundo.
Quisiera decir unas palabras sobre el rol de las personas de fe— las personas religiosas— en nuestro esfuerzo unido por construir un mundo que sea realmente apropiado para los niños.
Hoy hablo en representación de la Red Global de las Religiones a favor de los Niños, o la GNRC, la cual fue inaugurada dos años atrás por la Fundación Arigatou para promover la cooperación entre las personas religiosas que trabajan por el bienestar de niños.
Unos 300 líderes religiosos y trabajadores de las religiones más importantes del mundo provenientes de 33 países se dieron cita en el Primer Foro de la GNRC en Mayo de 2000. La Declaración de la GNRC que adoptamos comenzó con las palabras del poeta Rabindranath Tagore: “Cada niños que nace trae consigo el mensaje de que Dios todavía no ha perdido las esperanzas con la humanidad”.
Pasando por alto las diferencias entre todas las religiones, afirmamos en la Declaración nuestra convicción común de que cada niño representa la esperanza y la promesa del futuro de la Tierra. También reconocimos con compunción que las personas religiosas no han podido con frecuencia trasladar los valores más fundamentales de nuestras tradiciones religiosas a la dignidad de los niños. Por último, ofrecimos propuestas concretas de acción para las personas religiosas y demás— acciones de cooperación para construir un mundo mejor para los niños en el siglo XXI.
Sr. Presidente… Es importante que todos los que estamos reunidos hoy aquí reconozcamos que así como el niño se desempeña en los contextos locales de la familia, la comunidad y la nación, el ser del niño tiene también una dimensión global.
Localmente, nosotros los adultos les transmitimos valores, tradiciones y cultura a nuestros niños. Pero en la dimensión global, son los niños quienes mantienen nuestras esperanzas y mantienen con vida el potencial de la paz.
Pero las barbaridades que tuvieron lugar aquí el pasado Septiembre y los eventos que las sucedieron se oponen al futuro invaluable de los niños— de hecho, han puesto en peligro los principios fundamentales de la dignidad humana.
Este deterioro del entorno que rodea a nuestros niños constituye una advertencia para todos los seres de la Tierra.
Con una preocupación seria y sincera nosotros, las personas de las religiones más importantes y de varias naciones del mundo, nos comprometemos en solidaridad a seguir los tres siguientes cursos de acción fundamentales:
Uno — estableceremos un “Consejo Global sobre Educación Ética para los Niños” compuesto por personas de fe, educadores y otras personas. Su propósito será trabajar en cooperación con Naciones Unidas para desarrollar la espiritualidad en los niños— incluyendo valores éticos, respeto por las personas de diferentes religiones y civilizaciones, y fe en lo Divino—, un componente esencial de la “buena educación” prometida en el Documento Final de la Sesión Especial titulado “Un Mundo Apropiado para los Niños.” Nuestros esfuerzos se concentrarán en los años de escuela primaria, los cuales son críticos.
Dos — fortaleceremos nuestros esfuerzos para erradicar la pobreza, la causa fundamental del entorno cada vez peor que enfrentan los niños, prestándole atención no sólo a las causas externas sino también a las causas que derivan del corazón humano, brindando así soluciones verdaderas. Nuestros planes de acción específicos se formularán durante la Conferencia de tres días de la GNRC que se celebrará en Nueva York inmediatamente después de esta Sesión Especial.
Tres — Al unirnos en el esfuerzo mundial por cumplir con las metas del Documento Final, daremos lo mejor de nosotros para ejercitar nuestro liderazgo y dar el ejemplo ante la gente, a fin de generar una fuerza moral universal que impulsará la implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño — tanto en países prósperos como en países en desarrollo— y que movilizará a personas de todas las esferas de la vida a contribuir con el Movimiento Global por los Niños.
Sr. Presidente… Como personas de fe, vemos la Presencia Divina en cada persona y es por eso que es nuestra obligación alentar a cada persona, con paciencia y compasión, a que hagan posible el potencial más importante del corazón humano. Es la Divina Presencia— y este gran potencial— lo que constituye la fuente de dignidad de cada niño, y de cada uno de nosotros también.
Para terminar, quisiera expresar una vez más en nombre de la Red Global de las Religiones por los Niños nuestro más profundo compromiso: nos dedicaremos a hacer que tenga lugar — a través de la oración y la práctica—una “revolución espiritual silenciosa” global para el futuro de los niños.
Muchas gracias por su atención.

