Declaración Red Global

Declaración de la Red Global de las Religiones a favor de los Niños (GNRC)
En Ocasión de la Sesión Especial sobre los Niños de la Asamblea General de Naciones Unidas


8 de Mayo de 2002

El aclamado tercer milenio ha llegado, pero más que muchos de nuestros niños están viviendo en condiciones deplorables en el mundo. Una infinidad de niños se encuentran atrapados en circunstancias en las cuales se hace imposible vivir, ya sean ricos o pobres. Así que muchos de ellos pierden su vida a causa de enfermedades prevenibles o a cause de desnutrición, y otros son masacrados en conflictos armados. Una cantidad inadmisible de niños morirá de VIH/ SIDA antes de convertirse en adultos. Otra cantidad aún mayor sufrirá la discriminación, la hostilidad, el odio y la violencia, sólo por ser quienes son.


No obstante, los niños son los herederos de la Tierra y el tesoro más preciado de la humanidad. Esta lista de parodias no debería existir.

Con aflicción, susto y un sentido de responsabilidad compartida hacia esta situación intolerable, unos 300 líderes religiosos y trabajadores de las religiones más importantes del mundo— incluidas el Budismo, la Cristiandad, el Hinduismo, el Islam, el Judaísmo, el Sintoismo y el Zoroastrismo— viajaron de 33 países y regiones en Mayo de 2000 para inaugurar la Red Global de las Religiones a favor de los Niños (GNRC) durante su Primer Foro en Tokio, Japón.

La Declaración de la GNRC durante el Foro dio comienzo con las palabras del poeta Rabindranath Tagore: “Cada niños que nace trae consigo el mensaje de que Dios todavía no ha perdido las esperanzas con la humanidad”. Pasando por alto las diferencias entre todas las religiones aquí reunidas, nosotros, los miembros de la GNRC, afirmamos en la Declaración nuestra convicción común de que cada niño representa la esperanza y la promesa del futuro de la Tierra. También reconocimos con compunción que las personas religiosas no han podido con frecuencia trasladar los valores más fundamentales de nuestras tradiciones religiosas a la dignidad de los niños. Por último, ofrecimos propuestas concretas de acción para las personas religiosas y demás— acciones de cooperación para construir un mundo mejor para los niños en el siglo XXI.

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Desde entonces, hemos dialogado y ganado experiencia en cuanto a iniciativas interreligiosas concretas, y consultado con personas de otras ramas que defienden estas iniciativas. Ahora, en esta ocasión clave de la Sesión Especial sobre los Niños de la Asamblea General de Naciones Unidas, esta experiencia no obliga a declarar nuestra convicción de que la base más legítima y confiable sobre la cual se debe construir un mundo apropiado para los niños es la perspectiva religiosa universal de que la dignidad sagrada e inviolable de cada niño emana de su ser un don sagrado de la Presencia Divina.

En este foro de Agosto debe reconocerse — las Naciones Unidas — que así como el niño se desempeña en los contextos locales de la familia, la comunidad y la nación, el ser del niño tiene también una dimensión global. Localmente, nosotros los adultos les transmitimos valores, tradiciones y cultura a nuestros niños. Pero en la dimensión global, son los niños quienes mantienen nuestras esperanzas y mantienen con vida el potencial de la paz. Si no se reconoce, protege y celebra la dignidad divina de los niños, nuestro mundo nunca será apropiado para ellos, y el “espíritu humano” mismo se encontrará en peligro de extinción. De hecho, nuestros niños son el futuro de una Tierra humana. Cada esfuerzo práctico que se realiza por los niños debe hacerse tomando en cuenta esta apreciación fundamental sobre el preciado valor infinito de cada niño.

Pero los terribles ataques terroristas que tuvieron lugar el pasado Septiembre y los eventos que lo sucedieron, incluidos los golpes militares en Afganistán y las actuales violaciones de paz, dignidad y amor en Medio Oriente, se oponen al futuro invaluable de los niños— de hecho, han puesto en peligro los principios fundamentales de la dignidad humana. Este deterioro del entorno que rodea a nuestros niños constituye una advertencia para todos los seres de la Tierra.

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Por ende, es con una preocupación seria y sincera que todos nosotros, las personas de las religiones más importantes y de varias naciones del mundo, nos comprometemos en solidaridad a seguir los tres siguientes cursos de acción fundamentales. Lo hacemos porque reconocemos que el mundo está perdiendo sus principios morales y espirituales. Y sabemos que un mundo así no puede ser apropiado para los niños. También lo hacemos en reconocimiento de la terrible carga que soportan los niños como consecuencia de lo que la Secretaría General de Naciones Unidas describe como empobrecimiento desesperante e imperdonable (Informe Nosotros, los Niños de la Secretaría General de Naciones Unidas). Debemos:

1. Implementar Educación Ética Global para los Niños

Estableceremos un “Consejo Global sobre Educación Ética para los Niños” compuesto por personas de fe, educadores y otras personas. Su propósito será trabajar en cooperación con Naciones Unidas para desarrollar la espiritualidad en los niños— incluyendo valores éticos, respeto por las personas de diferentes religiones y civilizaciones, y fe en lo Divino—, un componente esencial de la “buena educación” prometida en el Documento Final de la Sesión Especial titulado “Un Mundo Apropiado para los Niños.” Nuestros esfuerzos se concentrarán en los años de escuela primaria, los cuales son críticos.

No hay nada más que el corazón y la mente de los niños necesiten hoy en día que los valores éticos arraigados en la dignidad humana, en el respeto por las religiones diferentes y civilizaciones y en la fe por lo Divino. La educación contemporánea, la cual tiende a hacer demasiado hincapié sobre los hechos y el conocimiento y omite enseñarle a los niños a tener un corazón generoso, ha contribuido a varios problemas sociales, como por ejemplo la delincuencia juvenil. Los valores que los niños tengan determinarán la naturaleza y la calidad de la Tierra que los niños heredarán. Creemos que los niños cuyos corazones tengan la suficiente riqueza espiritual como para tener fe y sentir respeto por la diversidad podrán acarrear cambios significativos en el mundo del sigo XXI. Dado que la ética y la religión están claramente relacionadas, es claro que las personas religiosas, particularmente la GNRC como catalizador interreligioso, puede y debe desempeñar un rol importante para ayudar a nuestros niños a que desarrollen estas virtudes verdaderamente humanas.

Proponemos que el núcleo del Consejo Global sobre Educación Ética para los Niños esté compuesto por la GNRC, organizaciones internacionales como UNESCO y UNICEF y gente que trabaje en educación. Este grupo central delineará el marco conceptual y la estrategia para la implementación de este proyecto de escala global, el cual se implementará principalmente por medio de las iniciativas de las personas comunes de fe que trabajen en cooperación con los educadores en cada país. Como primera medida, se seleccionarán cuidadosamente los países en donde este proyecto parezca aplicable para realizar acciones como las siguientes: (1) incorporación de educación ética apropiada en los programas de estudio de la escuela primaria, y (2) incorporación de educación ética en los medios. Se espera que, en base a los resultados de los proyectos de prueba en esos países, la educación ética global podrá ser implementada gradualmente en un número cada vez mayor de países, y que esta iniciativa culminará en el desarrollo de un movimiento mundial que pueda cambiar los principios morales del mundo.

Esta iniciativa ayudará a que los niños adquieran los conocimientos y habilidades necesarias para alcanzar la autonomía para promover actitudes y valores tales como la solidaridad global, la paz, el respeto por la diversidad, la tolerancia, la justicia social y la conciencia ambiental entre sus pares, y por ende producir cambios en su vida y en la de sus comunidades, tanto local como globalmente. En este sentido, consideramos que la educación ética debería ser un aspecto central de la “Educación para el desarrollo” que apoya UNICEF.

Los valores espirituales como la fe, la ética y la justicia serán manifestados en respeto a la Presencia Divina, así como también el respeto por la diversidad de culturas y tradiciones que componen la riqueza de la civilización mundial. Esto es lo que nuestros niños merecen aprender.

2. Buscar Soluciones para el Problema de la Pobreza

Nos comprometemos a fortalecer nuestros esfuerzos para erradicar la pobreza, la causa fundamental del entorno cada vez peor que enfrentan los niños, prestándoles atención no sólo a las causas externas sino también a las causas que derivan del corazón humano, brindando así soluciones verdaderas.

Es claro que la pobreza es uno de los principales obstáculos para la implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño. Conlleva a la violación de los derechos humanos de los niños reflejada en la mortalidad infantil, la desnutrición, la explotación sexual, el VIH/ SIDA, el trabajo infantil, los niños sin hogares y el no acceso a la educación.

A la vez que comprendemos que la pobreza es un complejo fenómeno socio-económico, sostenemos que es necesario reconocer que tiene una dimensión espiritual. Es obvio que la pobreza material interfiere en el desarrollo físico óptimo del niño. Pero a la vez crea a su alrededor un entorno brutal, en el cual la vida se reduce a una lucha por la supervivencia diaria entre las tantas personas empobrecidas que pelean y compiten por los insuficientes bienes y servicios. En este sentido, la pobreza material presenta un injusto desafío a la manifestación de la santidad física y espiritual humana, el potencial innato que reside originalmente en cada ser humano.

A los niños que viven en la pobreza se los priva de oportunidades para estudiar, y es por eso que cuando se convierten en adultos apenas pueden ganar lo suficiente para vivir. Cuando nacen sus niños, renace con ellos el círculo vicioso del empobrecimiento.

La reciente globalización económica está acelerando y expandiendo el proceso de empobrecimiento, permitiendo una riqueza para pocos sin precedentes y dejando a un número cada vez mayor de personas atrás en la pobreza. Desafortunadamente, nuestras economías de mercado libre hoy en día se caracterizan por dos manifestaciones de pobreza espiritual— una preocupación exclusiva por uno mismo y su correspondiente falta de preocupación por los que menos tienen, y el espíritu de avaricia que persigue la riqueza personal extrema sin considerar la consecuencia que esto tiene para otros— , las cuales están distorsionando las estructuras socioeconómicas y empobreciendo a sociedades enteras.

El problema de la pobreza es por ende un fenómeno multidimensional. Presenta aspectos materiales, económicos, sociales, psicológicos y espirituales, y se complica con procesos intergeneracionales y factores estructurales. Es esencial que se adopten enfoques amplios que maximicen las sinergias entre los tantos frentes de lucha para poner punto final a la pobreza.

Si realmente queremos liberar a los niños de este acecho, debemos romper con este círculo de empobrecimiento que se pasa de generación en generación. Se necesita desesperadamente una transformación de los valores que perpetúan la existencia constante del sufrimiento humano a causa de la pobreza en la comunidad internacional. Los niños mismos pueden ser los redentores del futuro. Es por eso que resulta esencial que las familias, las sociedades y los gobiernos creen ahora condiciones de justicia mediante las cuales los niños — tantos niñas como varones— reciban el temprano cuidado que necesitan y puedan ejercer su derecho por una educación básica de calidad. Se deben promover y sostener aquellos entornos que dan rienda suelta a las habilidades innatas de los niños –incluida su espiritualidad—. Los niños que crecen en estas condiciones contribuirán con valores más positivos a la comunidad internacional. Deben instalarse los valores internacionales que enfatizan la preocupación por los derechos de los niños en todos los sectores de la sociedad, a fin de ayudar a las sociedades individuales a que creen estas condiciones para los niños.

Mientras que las organizaciones internacionales y las ONGs atacan el problema de la pobreza en todas sus formas, las personas religiosas, con la misión de cambiar el mundo comenzando por el corazón—de adentro para afuera— cuentan con un valioso aporte para ofrecer en el área de educación. Creemos que podemos desempeñar un rol particularmente efectivo en la educación por la paz y la salud, tan esencial para luchar contra la guerra y las enfermedades.

Comprendiendo la pobreza como se explicó anteriormente, luego del Primer Foro de GNRC en Mayo 2000, llegamos a la conclusión de que la prioridad clave de la GNRC sería trabajar para ponerle fin al círculo vicioso de la pobreza, principalmente a través de la educación. En los dos años posteriores, personas de diferentes creencias han realizado seguimientos del Primer Foro por iniciativa propia organizando conferencias, talleres, charlas y reuniones de la GNRC internacionales y nacionales para planificar acciones interreligiosas para combatir la pobreza y la violación de los derechos de los niños asociados a ella. Estas charlas y sesiones para planificar ya tuvieron lugar en el Sur de Asia, Latinoamérica, África, Asia Central y la Región Caucásica y Medio Oriente, y se prevé una conferencia en Europa para el 2002. Hemos presenciado la formación espontánea de la Red Regional de la GNRC del Sur de Asia, de la Red de las Religiones a favor de los Niños del Este y el Sureste de África (EASNRC) y del Grupo de Trabajo Nacional de la GNRC de la India, todos constituidos por personas creyentes que se han unido para poner en práctica acciones para ayudar a los niños en su lucha por liberarse de la pobreza.

Nuestras metas y planes de acción específicos contra la pobreza a nivel global, regional y nacional se formularán aún más específicamente durante la Conferencia de tres días de la GNRC que se celebrará en Nueva York inmediatamente después de la Sesión Especial sobre los Niños.

3. Implementar Debidamente la Convención sobre los Derechos del Niño y Contribuir al Movimiento Global por los Niños

Al unirnos en el esfuerzo mundial por cumplir con las metas del Documento Final, daremos lo mejor de nosotros para ejercitar nuestro liderazgo y dar el ejemplo ante la gente, a fin de generar una fuerza moral universal que impulsará la implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño — tanto en países prósperos como en países en desarrollo— y que movilizará a personas de todas las esferas de la vida a contribuir con el Movimiento Global por los Niños.

Es nuestra fe en la acción lo que nos demanda en esta ocasión resaltar nuevamente la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño. Desde que se formuló por primera vez en el Preámbulo de la Declaración de Génova adoptado por la Liga de las Naciones en 1924, el concepto de los derechos del niños se ha establecido como uno de los signos morales humanos más urgentes. La Declaración dice simple y profundamente: “La Humanidad le debe a los niños lo mejor que les puede ofrecer”.

Hoy, con un comienzo de siglo XXI lleno de tragedia y sufrimiento, es hora de saldar nuestras deudas. Y creemos que una de las mejoras cosas que la humanidad tiene para darle a nuestros niños es la comprensión de que la dignidad humana de cada niño tiene su origen en la Presencia Divina, la cual es la fuente de nuestro ser.

Nos comprometemos a esforzarnos al máximo para garantizar que esta percepción común en todas nuestras religiones se vuelque a la práctica en nuestras comunidades religiosas— y en nuestras sociedades seculares— . Prácticas que conllevarán a la íntegra implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño, en todo el mundo. Constituye una obligación moral para nosotros el brindar un entorno que les permita a los niños explorar a pleno su potencial innato con la dignidad humana. La Convención sobre los Derechos del Niño es el vehículo más importante para lograr esta tarea esencial.

Afirmamos que, como personas religiosas, tenemos que desempeñar un rol único y esencial en el Movimiento Global por los Niños. El mayor desafío del movimiento no es de hecho comprometer a los líderes establecidos de la comunidad internacional, Jefes de Estado y líderes de organizaciones internacionales. Por lo contrario, será garantizar el compromiso apasionado de toda la gente— en cada sector, en cada nivel: gente de negocios, educadores, miembros de ONGs y la gente común en todos lados.

Sin embargo, a la vez que la cooperación religiosa en el mundo es cada vez mayor, tenemos altas expectativas en cuento al don y a la misión inherente de las personas de fe para llenar los vacíos, incluidas las desafortunadas distancias entre los discursos de Naciones Unidas y la gente común que hace que el mundo funcione. Nos comprometemos, siempre inspirados por nuestro compromiso para con las mandatos Divinos de la justicia, la paz y el amor, a comunicar el programa de la comunidad internacional a las personas comunes en todo el mundo y a hacer oír su voz ante los líderes de las naciones y organizaciones internacionales. En este sentido, creemos que las personas religiosas modernas pueden brindarle un equilibrio único de energía, ímpetu y autenticidad al Movimiento Global por los Niños.

Nosotros, miembros de la GNRC, estamos preparados para trasladar la nueva misión y el nuevo compromiso hacia los niños esbozados durante esta Sesión Especial a la gente común y también, lo cual es importante, a los niños mismos, ya que de hecho deben de encontrarse entre los agentes vitales que construyen al futuro. Pueden haber muy pocas obligaciones que ameriten más nuestro esfuerzo que ser el recurso y el agente central para la implementación de la Convención y el desarrollo del Movimiento Global por los Niños, haciendo posible un mundo apropiado para los niños que el Documento Final defiende y creando un mejor entorno para los niños. Esto es lo que la GNRC ha establecido como su misión.

Esta misión se expresa en el Prospecto para el Establecimiento de la Red Global de las Religiones a favor de los Niños: “La Fundación Arigatou, fundada por Myochikai, apoya el establecimiento de la Red Global de las Religiones a favor de los Niños (GNRC) a fin de suministrar un medio para que los individuos y organizaciones que trabajen por el bien de los niños puedan unirse y cooperar los unos con los otros con el objetivo de hacer posible un mundo en donde los niños puedan crecer sanos y en libertad. Esta defensa se origina en la visión de que el activo más valioso que podemos crear y pasarle a la siguiente generación es un entorno en el que todos los niños puedan crecer seguros, llenos de confianza, amor y alegría”.

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Resulta imperativo que nosotros, personas de fe y creyentes en la fuerza espiritual de la bondad y el amor, le supliquemos sinceramente a la comunidad internacional reunida en esta Sesión Especial sobre los Niños que se reestablezca la dignidad humana en el mundo por medio de la práctica del respeto y la compasión. Sostenemos que las acciones que se llevarán cabo por los niños como resultado de esta Sesión Especial precisan un marco de referencia, una perspectiva moral y espiritual de una familia humana interdependiente, de una rica diversidad encontrada en el mismo mundo, pero a la vez compuesta y unificada , con un sentido común de humanidad que le otorga igual respeto e igual valor a todos los niños sin importar en donde viven, qué idioma hablan o a qué cultura pertenecen. El manifiesto que obtengamos de esta Sesión Especial de la Asamblea General debe ser realmente un manifiesto para un “Mundo Apropiado para los Niños”. Para todos los niños.

Mucha de las metas de la década anterior no se alcanzaron. No podemos dejar que pase otra década sin cumplir nuestras promesas. Si la pobreza es imperdonable ¿por qué dejamos que persista? La justicia, no tan solo la fe, demanda que los intereses de los niños, de todos los niños, sean prioritarios. Esto no va a ser posible a menos que todos apostemos por los niños. Hablamos en base a la creencia de que responderemos al llamado que se nos presenta.

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Como personas de fe, vemos la Presencia Divina en cada persona y es por eso que es nuestra obligación alentar a cada persona, con paciencia y compasión, a que hagan posible el potencial más importante del corazón humano. Es la Divina Presencia— y este gran potencial— lo que constituye la fuente de dignidad de cada niño, y de cada uno de nosotros también.

Por medio de los tres cursos de acción principales prometidos en esta declaración , nos dedicaremos a hacer que tenga lugar— a través de la oración y la práctica—una “revolución espiritual silenciosa” global para un futuro de bienestar para los niños del mundo.