Manual para la acción
Enseñanza Interreligiosa y Educación Ética

Prólogo

¿De dónde venimos y qué nos une?

Deseoso de promover una auténtica cooperación entre personas de diferentes religiones, el Consejo interreligioso de educación ética de la niñez convocó a un grupo de especialistas, pedagogos y educadores de diferentes tradiciones religiosas así como laicos provenientes de distintas culturas  con el fin de elaborar un manual para la enseñanza interreligiosa y educación ética. Gracias a la red interreligiosa de la Red Global de Religiones con y a favor de la Niñez (GNRC, en sus siglas en inglés), el manual se probó en diferentes regiones y contextos culturales, proceso que recolectó experiencias importantes.

Somos budistas, cristianos, hinduistas, judíos, musulmanes, sikhs y también personas no adheridas a ninguna tradición religiosa en particular. Hemos colaborado todos en la realización del presente módulo de acción. A través de nuestra labor conjunta, comprendimos en gran medida que nuestras tradiciones religiosas dan fe del compromiso común contraído con la niñez. Los niños son para nosotros fuente de esperanza, contienen promesas y confirman lo sagrado de la vida. Ganamos fuerzas gracias a los niños y al compromiso común a favor del bienestar del niño, que exige nuestras  diversas tradiciones religiosas.

Afirmamos que todo niño y niña es una promesa, un don sagrado, una señal viva del futuro. El bienestar de todo niño y niña es importante. En la realización del manual, nos sumamos al preámbulo de la Convención sobre los Derechos del Niño que declara lo siguiente:

  • considerando que el niño debe estar plenamente preparado para una vida independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad,
  • teniendo debidamente en cuenta la importancia de las tradiciones y los valores culturales de cada pueblo para la protección y el desarrollo armonioso del niño.

Como un grupo de personas de distintas religiones y convicciones, aprendimos muchísimo unos de otros en la tarea de desarrollar un manual de enseñanza interreligiosa y educación ética destinado a los niños. Mientras preparábamos dicho material gracias a un proceso interreligioso, nosotros mismos utilizamos la metodología que se propone en este manual. En realidad, nuestro propio proceso es ejemplo importante del éxito de la metodología que queremos promover a favor de la enseñanza interreligiosa y educación ética. A nuestro juicio, el enfoque global sobre el valor de la dignidad humana puede abarcar los demás valores como el respeto, la empatía, la responsabilidad y la reconciliación. Inculcar estos valores fortalecerá y dará plenitud a nuestro compromiso con la justicia, el respeto de los derechos humanos y la creación de relaciones democráticas entre las personas y dentro de las sociedades.

El manual que presentamos se ha elaborado para utilizarse en distintos contextos. Siendo personas con diferentes tradiciones religiosas, hemos desarrollado un recurso didáctico que, en nuestro parecer, es asequible a toda persona interesada en la promoción de la ética y los valores tanto en las esferas religiosas como laicas de la sociedad. A medida que íbamos concibiendo este manual, aprendimos que el trabajando interreligioso es en sí el camino para propiciar el diálogo, los valores éticos y la comprensión del mundo actual.

Juntos, hemos llegado a apreciar  nuestras diferentes tradiciones y creer que la diversidad nos enriquece. Este sentido de enriquecimiento en la diversidad nos inspiró a todos a elaborar el presente manual. En esta tarea mixta de elaboración en la interacción, aprendimos que cada uno podía comprometerse en favor de los derechos y la dignidad de los niños, niñas y adolescentes dentro de sus contextos y perspectivas propias, y además nos descubrimos entre nosotros y acerca  de nosotros mismos.  Esta labor nos dio la oportunidad de crecer juntos y contribuir a un mundo que sea realmente digno de la niñez. Mucho apreciamos que el Consejo Interreligioso de Educación Ética para los Niños quiera promover la enseñanza interreligiosa y la educación ética, y proporcionar a nuestras comunidades y a la sociedad recursos conducentes para promover una vida pacífica, donde el respeto del prójimo y la dignidad de todos los seres humanos sean prioridades y preocupaciones primordiales.

(Nota: el manual esta todavía en elaboración, pero ofrecemos aquí los siguientes principios básicos que están siendo desarrollados, junto con los aspectos metodológicos y recursos didácticos)

PRINCIPIOS BÁSICOS

Afirmación de valores y principios básicos

¿Hay valores básicos que podrían reconocerse y aceptarse por todas las tradiciones religiosas como valores que se enseñarían a todos los niños, sin tener en cuenta la cultura o tradición religiosa a las ellos que pertenezcan? ¿Y esos valores podrían sentar las bases de una educación ética para la niñez?

Esta cuestión sigue siendo tema de debate ya que algunos afirman sin duda la existencia de valores básicos que todos pueden apoyar, y otros consideran que el contexto sociocultural y la visión de la sociedad a la que aspira la comunidad influencian en los valores éticos. De todos modos, habría divergencia de opiniones sobre la jerarquía de los valores y sobre  como equilibrar entre los valores importantes para el bienestar individual y para el bien común. Estos  debates en materia de derechos humanos son frecuentes.

Ahora bien, en numerosas instancias, gentes de diversas comunidades religiosas se reúnen con el fin de examinar varios temas que afectan sus relaciones en la comunidad humana  y buscar inspiración en algunos valores comunes que todos puedan y deban respetar.

“Afirmamos, nos oponemos y nos comprometemos …”

Recientemente, un grupo representativo de diversas religiones, profundamente preocupado, se reunió para reflexionar sobre el mundo que se legará a los jóvenes y niños. Profundamente perturbados sobre todo por la violencia generalizada, y la cultura de la exclusión y codicia que predominan en el mundo declararon: “Nosotros, por consiguiente, reconocemos la importancia crucial que reviste la educación religiosa orientada a ceder los tesoros de nuestro patrimonio a las generaciones siguientes. Es imprescindible que cada comunidad religiosa entienda la necesidad de facultar a los jóvenes a participar en la transformación de su legado…

Asimismo, buscamos un proceso de enseñanza que creará una actitud de inclusión, apertura y compasión hacia los demás, conforme a la fe de cada uno. Además, a nuestro juicio, es indispensable contar con un entendimiento informado de las demás tradiciones religiosas con el objeto de evitar las imágenes cargadas de prejuicios y deformadas que los medios de información divulgan.”

Reconociendo que la relación entre la religión y la violencia es ahora uno de los temas contemporáneos perentorios, el grupo dijo: “Estamos convencidos de que ninguna tradición religiosa considera la violencia como virtud o valor religioso, y sabemos que la violencia no es la esencia de ninguna religión. Por el contrario, el amor, la compasión y la coexistencia pacífica son los valores que todas nuestras tradiciones llaman a respetar. En consecuencia, nos oponemos a que se atribuya la violencia a las religiones y velamos por que se actualice el potencial de la paz y la no violencia, a las que consideramos valores básicos de nuestras tradiciones.”

Compromisos comunes

“Reconocemos que los desafíos mundiales que encaramos son tan grandes que ninguna de nuestras tradiciones podrá enfrentarlos sola, y que dado nuestro empeño por hacerlo, nos necesitamos mutuamente. Por consiguiente, no hagamos por separado lo que podemos hacer juntos. Mediante el discernimiento y la actuación conjunta lograremos en verdad descubrirnos unos a otros, y a través de los compromisos que concertemos en común, desarrollaremos juntos. Así pues, hacemos las siguientes afirmaciones y compromisos:

Afirmamos que la humanidad, constituida de muchos pueblos,  naciones, razas, colores, culturas y tradiciones religiosas, es una sola familia humana. Por lo tanto, nos oponemos a todo intento de inmovilizar a las tradiciones religiosas presentándolas como comunidades que se excluyen entre sí. Nos comprometemos a aprender más acerca del otro, a aprender del uno y del otro, y a descubrirnos en la relación con el otro,  descubriéndonos así de nuevo.

Afirmamos que en el centro de nuestras tradiciones religiosas son el amor, la compasión, y la abnegación los valores que sostienen la vida y la vida comunitaria. Por lo tanto, nos oponemos a todas las interpretaciones de enseñanzas religiosas que promuevan la enemistad, el odio o la exclusión. Nos comprometemos a exaltar las enseñanzas y prácticas de nuestras tradiciones religiosas que alimentan la vida y promueven la comunidad.

Afirmamos que la violencia y la guerra son contradictorias en nuestras enseñanzas religiosas y que en ninguna de ellas se apoya la solución de diferencias con medios violentos. Por lo tanto, nos oponemos a toda violencia utilizada en el nombre de la religión, a toda interpretación religiosa que apoye la guerra así como todo intento de interpretar nuestras escrituras para el apoyo de los conflictos. Nos comprometemos a interpretar, enseñar y practicar nuestras tradiciones religiosas para la promoción de la paz y la armonía.

Afirmamos que la discriminación basada en la raza, casta, condición social, capacidades físicas y mentales, etnia, género, etc. es contradictoria en nuestras enseñanzas religiosas. Por lo tanto, nos oponemos a todas las formas de discriminación y exclusión. Nos comprometemos a trabajar en pro de una comunidad de carácter inclusivo y luchar contra las interpretaciones de nuestra fe y escrituras que justifiquen la discriminación.

Afirmamos que la justicia y la equidad son el  eje de la vida religiosa; que la pobreza, la privación, el hambre y la enfermedad son fuerzas que socavan la dignidad y el potencial humanos. Por lo tanto, nos oponemos a la organización de una vida política y económica que engendre injusticias, desigualdades y la explotación desmedida de la tierra en manos de la codicia humana. Nos comprometemos a defender juntos la dignidad, los derechos humanos, sociales y económicos de todos los pueblos, y la integridad de la tierra.

Afirmamos los derechos de los jóvenes y niños así como los dones que ellos aportan al entendimiento y la práctica de la vida religiosa. Por lo tanto, nos oponemos a toda tentativa de excluir a la infancia de la línea de acción principal de la vida religiosa. Nos comprometemos a promover comunidades de carácter inclusivo que integren jóvenes y niños con objeto de habilitarlos plenamente a aportar sus dones a nuestra vida en común.

Se dice que un viaje de mil kilómetros empieza sólo dando un paso. Los citados compromisos son pasos que damos vislumbrando un mundo en vida con justicia y paz. Pedimos a todas las comunidades religiosas que lleven a cabo sus propios actos de compromiso y promuevan la visión de una espiritualidad que aportará sanación y plenitud a nuestro mundo quebrantado.

Es elocuente el hecho de que gentes de tradiciones religiosas susciten estas afirmaciones de forma apremiante dada la necesidad de expresarse y actuar conjuntamente en torno a temas que afectan sus vidas comunes. No obstante, las comunidades religiosas no son las únicas en experimentar esa urgencia ya que también lo hacen las personas inspiradas en los valores humanos y espiritualidades no interpretadas, empero, en términos religiosos.

Identificación de valores básicos

Más allá de las afirmaciones y compromisos mutuos, se pone además mucho tesón actualmente por conseguir valores éticos comunes, afirmados y vividos por todas las comunidades religiosas. Uno de esos importantes intentos fue el documento titulado Towards a Global Ethic (Hacia una ética mundial) durante el Centenario del Parlamento de Religiones Mundiales, celebrado en Chicago, en 1993, bajo el liderazgo de Hans Kung. El citado texto de gran difusión  y aceptación fue divulgado en todo el mundo, inspirando a personas de distintos puntos de vista a suscribir valores comunes que podrían guiar a la comunidad humana en su conjunto.

 Desde entonces han habido diversas tentativas de establecer criterios éticos destinados a diversas esferas sociales, los cuales la comunidad mundial puede afirmar. La enorme diversidad de religiones, culturas y modos de vida representados en la comunidad humana hacen que la concertación de acuerdos comunes y su puesta en marcha se vuelva tarea difícil. Con todo, hay un consenso común en el sentido de que la comunidad humana debe ponerse manos a la obra por el bien de las generaciones futuras.

Crear valores éticos en la niñez es parte del proceso encaminado a preparar un porvenir mejor. Sin embargo, los valores establecidos a nivel global deben servir de inspiración a las comunidades de distintos lugares y culturas, ya que ellas son las más idóneas para determinar cuáles son los valores comunes que deben promoverse en nuestros niños; y tal vez nos sorprendan cuanta semejanza existe entre unos y otros.

  •    Dignidad humana

El concepto de dignidad humana es quizá, a nuestro juicio, la palabra que mejor engloba el espíritu de los valores y la que dicta nuestras relaciones.  La humanidad de una persona es denegada cuando se pisotea su dignidad y la dignidad humana puede verse amenazada en muchos ámbitos.

Las necesidades básicas para la supervivencia insatisfechas es una afrenta a la dignidad personal. Una máxima sikh establece que “La boca de un pobre es un cofre de tesoros de Dios”. En esta declaración reside uno de los valores fundamentales de todas las tradiciones religiosas, a saber, la dignidad humana. El dicho sikh considera la pobreza, el hambre y la privación como una afrenta a Dios. Las celebraciones del culto sikh siempre terminan ofreciendo una comida comunitaria -el langar- a todos, sin tener en cuenta la casta, la condición social, la afiliación religiosa o la nacionalidad. De hecho, el lugar del culto sikh, Gurudhwara, mantiene la cocina abierta todo el día no sólo para los creyentes sino para todo aquel que llega a comer.

En el islamismo, uno de los cinco pilares de la fe es satisfacer las necesidades del pobre y se pide a todo creyente que ceda un porcentaje de sus ganancias a los necesitados. Amar a Dios y al prójimo como a sí mismo resume los mandamientos del judaísmo y también son grandes mandamientos del cristianismo. Por lo demás, la tradición judía habla de la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios; la escuela védica del hinduismo considera a Brahmán la realidad absoluta y a Atmán, la realidad de los seres humanos en una sola, no una dual. Las enseñanzas de Buda ponen en tela de juicio la discriminación de las castas y promueven la igualdad entre la mujer y el hombre.

 Claro está que no todas las tradiciones religiosas han seguido de cerca esas doctrinas y a veces, han desarrollado estructuras y prácticas que hieren la dignidad humana dentro de sus propias comunidades y fuera de éstas. Al mismo tiempo, todas las tradiciones religiosas califican de aberración el negar la dignidad a sus semejantes. La dignidad es parte de lo que significa ser humano. El respeto de la dignidad de toda persona puede ser indudablemente el valor fundamental de la educación ética de la infancia.

De esta suerte, solicitamos algunos valores éticos fundamentales que ayuden a los niños a valorar a sus semejantes y a la dignidad de los mismos en calidad de seres humanos. ¿Qué actitudes y predisposiciones contribuirían a establecer relaciones saludables entre los niños y el prójimo? A continuación, figuran algunos ejemplos que podrían servirnos para iniciar el proceso en nuestros propios contextos.

  •     Respeto y comprensión recíprocos  

Todas las tradiciones religiosas están convencidas de la verdad de sus propias creencias y algunas de ellas sienten el vivo deseo de compartirla con sus semejantes.  Sin embargo, las tradiciones religiosas reconocen en este momento que el respeto mutuo es un valor indispensable que deberá cultivarse en todas nuestras relaciones. El concepto de respeto mutuo es importante porque afirma las diferencias y no confunde diferente con erróneo,  ni permite que las diferencias naturales y legítimas causen divisiones. El respeto mutuo crece gracias a una mayor comprensión y apreciación recíprocas de las diferencias y semejanzas; igualmente, contribuye a establecer lazos pese a las diferencias y favorece el proceso de rectificaciones recíprocas, enriquecimiento y autocrítica personales.

La enseñanza de este valor es importante en el contexto de la pluralidad persistente ya que históricamente, algunas tradiciones religiosas adoptaron actitudes extremistas en sus relaciones humanas diciendo, por ejemplo, “si nosotros tenemos razón, ellos están equivocados; si nosotros poseemos la verdad, los otros no la poseen; si nuestro camino conduce a la realización del destino humano, los otros descarrían.” El respeto mutuo se ha vuelto un valor importante en todas las esferas – sociales, culturales, religiosas y políticas -.

  •     Empatía        

En el centro de toda relación saludable, reside la capacidad personal de percibir la experiencia del semejante y sentir empatía por las alegrías, sufrimientos, aflicciones y ansiedades de los demás. La simpatía trata al semejante como el otro mientras que la empatía trata al semejante como a sí mismo. La compasión sana – es decir, la capacidad innata a sufrir con el otro – se deriva de la empatía. La empatía también contribuye a reconocer las injusticias causadas a los demás y decidir que se eliminen las injusticias.

En las escrituras hebreas se pide al pueblo que sientan empatía por los pobres, los marginados, los oprimidos y los extranjeros “porque Uds. fueron esclavos en Egipto…”.

El llamamiento a participar en la experiencia del semejante y entender los problemas como éste los entiende es tal vez uno de los mayores valores que podemos inculcar a la niñez.

  •     Responsabilidad individual y colectiva

Descubrimos cada vez más el significado y la importancia de la palabra responsabilidad cuando analizamos los numerosos problemas del mundo. Mucha gente reivindica presurosa sus derechos y privilegios sin percatarse de las responsabilidades que corren parejas. Tenemos la responsabilidad de cuidar la tierra, no obstante, la  inobservancia de esta responsabilidad nos ha aproximado al desastre ecológico. Somos responsables de la manera de educar a nuestros hijos, sin embargo, cuando los descuidamos, van por mal camino. Los gobiernos son responsables de mantener la cohesión social y la paz pero, al no cumplir, surge el caos social. Es responsabilidad de la sociedad el garantizar la distribución equitativa de los recursos y procurar satisfacer las necesidades básicas de todos, no obstante, al no hacerlo, aparecen el conflicto y la violencia.

La lista puede ampliarse y reproducir casi todas las relaciones personales, sociales e internacionales. Todas las relaciones dependen de responsabilidades mutuas y cada una de ellas asume sus responsabilidades sociales. Análogamente, tenemos una responsabilidad colectiva, la de cuidar la tierra y asegurar la vida en un mundo justo y pacífico.

La responsabilidad no es una alternativa. Es un valor ético fundamental y es preciso conservarlo religiosamente en los corazones y mentes de los niños, desde el momento en que éstos inician sus relaciones con sus semejantes y con el mundo.

  •     Reconciliación       

La reconciliación no suele considerarse un valor ético y más bien se distingue como una de las fases de la pacificación y la reparación de las relaciones a nivel personal y colectivo. En la actualidad, se reconoce paulatinamente que la reconciliación no sólo es una medida práctica sino una actitud y enfoque de la vida. Dicho de otro modo, la reconciliación no es algo que sirve cuando las cosas van mal; por el contrario, es una orientación conducente a abordar los problemas, divergencias y conflictos agudos que son inevitables en la vida de la comunidad. La reconciliación como valor ético figura en el primer plano a raíz de la tendencia humana de resolver las diferencias y desacuerdos recurriendo al uso de la violencia. La violencia es una alternativa fácil y rápida ante los conflictos pero no los resuelve jamás y empeora las enemistades y agravios. El espíritu de la reconciliación debe destacarse como un valor ético imprescindible en nuestros días.

Cabe advertir que las cuestiones éticas consideradas en el presente texto no son una lista exhaustiva ni deben entenderse como los valores más importantes en este momento. Ilustran meramente un tipo de valores que debe formar parte de la educación ética de la niñez en una sociedad global y plural desde un punto de vista religioso y cultural. En realidad, mucha gente considera que la educación ética no es tanto una tentativa de establecer una lista de valores destinados a los niños, cuanto de inculcar una “espiritualidad” apropiada para vivir en un mundo pluralista. Con todo, hay  que mencionar que los valores éticos y la espiritualidad no son dos caminos diferentes de comportamiento humano, sino que están interrelacionados ya que se derivan uno del otro, enriqueciéndose mutuamente. Una persona espiritual es también éticamente recta y una persona éticamente recta manifiesta una espiritualidad que los demás aspiran imitar.

 
ESPIRITUALIDAD                                                                                                            

Facultades para desarrollar la espiritualidad propia

Los niños cuentan con grandes capacidades espirituales. Ellos tienen un sentido del tiempo especial. Un niño puede permanecer quieto durante largo rato, inclinado observando una línea de hormigas y absorto ante esta trayectoria. Desde un punto de vista espiritual, el niño tiene la capacidad de abstraerse en el momento presente mientras que muchos adultos necesitan horas para aprenderlo.  Esta facultad abarca una plena conciencia de la realidad inmediata y un sentido del tiempo intemporal

Otro don natural espiritual de los niños de tierna edad es la admiración, esto es, sin fantasías ni  divagaciones frente a la realidad, sino una experiencia de todo el ser que abarca el cuerpo, los sentidos y la mente. Un niño querrá oler la levadura una y otra vez, o escuchar las gotas de lluvia tamborileando en el techo, o sentarse en silencio a observar la llama de una vela encendida. La admiración conduce a la alegría, preserva la emoción y el entusiasmo, y nutre las energías y las esperanzas.

Una tercera característica de la capacidad espiritual de los niños de tierna edad es el amor. Dar y recibir están en el corazón de todo niño de tierna edad; éste está extraordinariamente abierto para compartir, entregar su juguete favorito y confiar en que éste se le devuelva o alguna otra cosa en su lugar. La confianza radica en el sentido del compartir, o sea, una verdadera apertura a dar y recibir.

La ética y la espiritualidad son los dos lados de una misma moneda. Comprometiéndose a crear una red de personas que se ocupan de la infancia, Takeyasu Miyamoto estableció el Consejo Interreligioso de Educación Ética para los Niños, declarando: “Estoy firmemente convencido de que la decadencia espiritual y el desinterés por la ética básica son las raíces de la violencia y la injusticia que van en aumento en el mundo actual. Un paso importante en el camino de la paz es asegurar el crecimiento de todo niño que cuente con un acceso pleno a su capacidad innata de desarrollo espiritual  y, por ello, es esencial poner en marcha la ética interreligiosa – impartida en las escuelas y otros entornos educativos –con miras a alcanzar el objetivo de crear un mundo pacífico con dignidad humana, un mundo digno de la niñez en el sentido más verdadero.”

La frase operacional menciona  que los niños puedan acceder a su “capacidad innata de desarrollo espiritual”. Quiere decir que la espiritualidad no es algo que uno confía o da al niño. La finalidad de la educación ética es facultar al niño a desarrollar su espiritualidad plena para su propio bienestar y el de toda la sociedad. Cabe observar que mientras el niño tiene la “capacidad innata de desarrollo espiritual”, la espiritualidad ha de nutrirse y desarrollarse. A los niños que nos revelan el tiempo intemporal, la admiración y el amor, podemos ofrecerles palabras e imágenes, discernidas por nosotros, que contienen lo eterno, lo maravilloso y lo infinitamente entrañable. Es importante que esta espiritualidad se alimente del determinado contexto de una tradición religiosa o espiritual a fin de sentar estructuras y bases que propicien el crecimiento y desarrollo del niño. Este crecimiento tiene lugar a través de un proceso de aprendizaje que abarca  enseñanzas, reflexiones críticas, integración y desarrollo de relaciones.

Efectivamente, en el corazón del desarrollo espiritual reside la capacidad del niño encaminada a crear y mantener relaciones positivas consigo mismo, con los semejantes, la comunidad, el medio ambiente y la Realidad simbolizada por muchas denominaciones como Dios, el Absoluto, la Realidad Absoluta o simplemente, la Presencia Divina en nuestro entorno.

Dada la realidad relativa a los abusos de las tradiciones religiosas en la vida pública y política, y la participación de las religiones en situaciones de conflicto, hay quienes prefieren hablar de espiritualidad en vez de religión. Hemos de tomar seriamente en cuenta las críticas dirigidas contra las tradiciones religiosas. Igualmente, es cierto que la espiritualidad y la religión no son lo mismo y frecuentemente hay enemistad entre ellas. El énfasis que se pone en la espiritualidad se atribuye al deseo de una mayor apertura, evitando así inculpar a las jurisdicciones religiosas existentes por todo.  Por otra parte, debemos reconocer las falsas espiritualidades que conducen a las gentes a centrarse en preocupaciones egocéntricas o a desviar su atención de las realidades del mundo en que viven. Trátese de espiritualidad o religión, ambas deberían expresar una postura que haga hincapié en que el bienestar individual está en convergencia con el bienestar colectivo.

En la opinión de ciertas personas, la espiritualidad tiene que ver con sentimientos y emociones. Por el contrario, la espiritualidad poco tiene que ver con sentimientos y emociones, no obstante, es una manera de manejar las emociones. Es una  manera de encauzar las emociones, los sentimientos y la compasión en el compromiso. El compromiso, a su vez, es la dinámica de la liberación y la realización del potencial. Por consiguiente, la espiritualidad que el Consejo Interreligioso de Educación Ética para los Niños procura, es la de despertar en la niñez una toma de conciencia y un desarrollo de valores éticos, que también vienen desde el compromiso interreligioso.

Por ello, la visión del Consejo Interreligioso de Educación Ética para los Niños pone el énfasis en la espiritualidad, los valores éticos y el respeto a personas de diferentes religiones y civilizaciones:

Tenemos la visión de un mundo en donde todos los niños tengan la posibilidad de desarrollar su espiritualidad, abrazando valores éticos, aprendiendo a vivir en solidaridad con personas de distintas religiones y civilizaciones así como construyendo la fe en la Presencia Divina.

Creemos que la educación ética aumentará la capacidad innata de los niños de hacer contribuciones positivas al bienestar de sus iguales, sus familias y sus comunidades, y que, a su vez, ello ayudará a toda la familia humana a prosperar en un ambiente de mayor justicia, paz, compasión,  esperanza y dignidad.