
Taller sobre Educación Ética para la Región Andina
5 –10 de diciembre de 2005
Bogotá Colombia
“Afirmamos, nos oponemos y nos comprometemos …”
Recientemente, un grupo representativo de diversas religiones, profundamente preocupado, se reunió para reflexionar sobre el mundo que se legará a los jóvenes y niños. Profundamente perturbados sobre todo por la violencia generalizada, y la cultura de la exclusión y codicia que predominan en el mundo declararon: “Nosotros, por consiguiente, reconocemos la importancia crucial que reviste la educación religiosa orientada a ceder los tesoros de nuestro patrimonio a las generaciones siguientes. Es imprescindible que cada comunidad religiosa entienda la necesidad de facultar a los jóvenes a participar en la transformación de su legado…
Asimismo, buscamos un proceso de enseñanza que creará una actitud de inclusión, apertura y compasión hacia los demás, conforme a la fe de cada uno. Además, a nuestro juicio, es indispensable contar con un entendimiento informado de las demás tradiciones religiosas con el objeto de evitar las imágenes cargadas de prejuicios y deformadas que los medios de información divulgan.”
- “Estamos convencidos de que ninguna tradición religiosa considera la violencia como virtud o valor religioso, y sabemos que la violencia no es la esencia de ninguna religión. Por el contrario, el amor, la compasión y la coexistencia pacífica son los valores que todas nuestras tradiciones llaman a respetar. En consecuencia, nos oponemos a que se atribuya la violencia a las religiones y velamos por que se actualice el potencial de la paz y la no violencia, a las que consideramos valores básicos de nuestras tradiciones.”
Tenemos la visión de un mundo en donde todos los niños tengan la posibilidad de desarrollar su espiritualidad, abrazando valores éticos, aprendiendo a vivir en solidaridad con personas de distintas religiones y civilizaciones así como construyendo la fe en la Presencia Divina.
Creemos que la educación ética aumentará la capacidad innata de los niños de hacer contribuciones positivas al bienestar de sus iguales, sus familias y sus comunidades, y que, a su vez, ello ayudará a toda la familia humana a prosperar en un ambiente de mayor justicia, paz, compasión, esperanza y dignidad.

